| Indiana Forti | HISTERIAS CONTADAS |
| Histeria; por definición: estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala. Freud decía que el histérico padecería principalmente de reminiscencias; que los traumas psíquicos originan fenómenos histéricos, es decir, estados anormales de consciencia, y que el recuerdo del trauma psíquico eficaz no aparece contenido en la memoria del enfermo hallándose éste en su estado normal. Y aquí el dilema: ¿Quién no padece de reminiscencias? y ¿qué es un estado normal? Por mi parte; cuando no era, las histerias caminaban por laberintos de ideas peregrinas a medias luces; la humedad se hacía vecina y los silencios crujían como ecos, filtrándose en grietas huérfanas de agua. Por ese entonces, acudían dudas insurgentes sin raíces ni disculpas; deshojaba rutina y margaritas, sin haber querido dejar de creer, aunque ese año perdiera la partida. Discutía con pesadillas y a ratos, dejaba de ver al mundo por el escaparate y mordisqueaba trozos de su carne. Espiaba a niños que corregían la aurora, huyendo del lamento de noches lluvia; doncellas que dialogaban con sus espejos; generales sin honor y artistas desterrados. Había que deshacerse de tanta modorra y olvidos. Cuando soy, susurros del sur se agolpan en cornisas de latidos; se filtran por bosques pasillos y calman ventanas de pampa y barro. Los ojos traen agua fresca desde el horizonte; el deshollinador se atreve con preguntas clavadas en oraciones de jornada y el sol se escurre por entre las persianas, mientras pasajeros en tránsito comulgan con la nutriente luz de colmena. Por la esquina de la ensoñación se asoma Lulula; consejera de manos de viento y surco, ojos de red y peces azules. Viene de lejos un abrazo; humano y fértil como su mismo útero. Me desperezo en sábanas reencarnadas en aljibes de deseos; despierto en alma hecha de mañanitas, donde los espejos dicen la verdad, los sueños se cumplen y a la muerte se la invita a tomar el té. Ligera de equipaje, sigo el camino de las mil pausas que emprendo; con histerias propias y ajenas. Histerias que vienen de tres en tres, como los milagros y las desgracias sin Consuelo. Reminiscencias que se desnudan; baten alas y batallas, confunden y abren telones harapientos; abrazos rotos y gritos trueno. Indiana Forti |
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