| Indiana Forti | DE NOMBRES Y APELLIDOS |
| Reflexionando sobre la identidad, y definida ésta como un conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás; me he visto envuelta en una espiral de sensaciones descubiertas en un espacio concreto de vivencias. Aunque no cumplo la condición primordial, hace unos años he sido aceptada en la cofradía; sumándome a vueltas y vueltas en un aparente mismo recorrido, concurrido de esencias en cuatro patas. La ventaja de no tener, si es que hay alguna, es poder disfrutar de los ajenos. Es tal el vínculo que se genera, en este reducto vivo y variopinto, que se identifica a la gente por su nombre de pila, y por apellido, el nombre de su compañero perruno. Después de llenar mi ropa de muestras de camaradería en forma de babas, barro, migas, hojas, astillas, pelotas, hocicazos, césped y demás compuestos, desvisto aquí las significaciones que este proyecto suscitó. Y como manantial, sentimientos vestidos de palabras para escenificar lo que estos seres significan en la vida de sus dueños. Hermana, nobleza de la naturaleza, el que vino a nuestra casa y nos descubrió mundos nuevos; meditación, amistad, alegría, confianza, compañera en los paseos, princesa, bebé, familia, amor, ternura, fidelidad, satisfacción, el eje de la casa, responsabilidad, respeto, compañía, bienestar, cariño, bondad, gratitud, casi todo en mi vida. Por mi parte, un hocico llamado Huayra (viento en guaraní), me acompañó desde antes de ser; intuyéndome desde el otro horizonte del embarazo de mi madre; lazo que se reafirma cada vez que alguno de ellos me mira y se acerca a mi sonrisa. Indiana Forti |
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